Un día más, Jesús y yo las vimos todas.
Todas las que salieron, claro, porque el primer jarro de agua fría de la Semana Santa 2011 nos llegó con el Cautivo del Polígono, que decidió no hacer estación de penitencia por la lluvia. Considero oportunista el hecho de pensar que se equivocaron, a pesar de que apenas cayó agua en toda la tarde, pues en el momento que tomaron tal decisión, la cosa no pintaba bien.
A partir de ahí, comenzó el Lunes Santo que conocíamos hasta no hace muchos años. Nuestro Padre Jesús de la Redención en el Beso de Judas lució majestuoso, como siempre, y tuvimos ocasión de verlo por Javier Lasso de la Vega. Tremenda su elegancia, su "andar". María Santísima del Rocío lo seguía con un rayo de sol en su cara.
Más tarde fuimos en busca de Nuestro Padre Jesús Cautivo. A causa del retraso sufrido en su salida, la ida a la S.M.I. Catedral la realizó por la Avenida, en una imagen nada común, como en "contramano" por Carrera Oficial. Allí lo vimos, a Él, y a Nuestra Señora de las Mercedes. Como siempre, me llamó mucho la atención la cantidad de gente que sigue al Cristo.
Para entonces, la Hermandad de Santa Marta ultimaba los detalles de su salida. Y a la Parroquia de San Andrés que fuimos. Sobrecogedora la unión de silencio entre la multitud, campanas y nazarenos de negro. No cabía un alfiler, y no es para menos. Ver salir ese "barco" merece la pena.
El Cristo de la Vera Cruz siempre me ha llamado la atención. Más allá de su talla tan reducida, lo que envuelve su figura va más allá de la razón. Desde que lo ví la primera vez, para mí es sinónimo de Muerte, y esto también forma parte de la Semana Santa. Esta manera tan austera, sobria, seria,... de entender la Semana Grande y la Pasión de Jesús, tan en contra de otras Hermandades más populosas o de barrio, coincide más con mi postura de vivir estos días grandes. No digo que no disfrute viendo Triana, por poner un ejemplo, faltaría más, pero anhelo un poco más de orden y seriedad en demasiados cortejos. No hay que olvidar que se está haciendo una Estación de Penitencia, y como tal, si tenemos que estar sin comer ni beber "x" horas un día al año, se está. Si no se es capaz de conseguir esto, en mi opinión es mejor no realizar la Estación, porque más que Penitencia, esas actitudes me recuerdan a términos como "excursión" o "romería". Y para eso ya está El Rocío. Por lo tanto, nos encaminamos a ver la salida un año más del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y Santísima Virgen de las Tristezas. No nos decepcionó, obviamente.
Echamos un ojo a los horarios, y decidimos ir en busca del Santísimo Cristo de las Aguas, dirección Méndez Núñez. Por el camino nos empezó a lloviznar, y nos temimos lo peor. Por suerte, se quedó en un susto, pero vimos bastantes paraguas abiertos. Sólo por ver la cara de María Santísima de Guadalupe merece la pena la espera, pues presenciamos prácticamente todo el cortejo de esta Hermandad, dada la estrechez de las calles Carlos Cañal o la propia Méndez Núñez.
Entonces llegó la hora de ver San Gonzalo. Por una vez dejé de acordarme de la persona de siempre y me vino a la mente mi amigo Carlos. Un Lunes Santo, su Soberano en la calle, y él tan lejos. Con él siempre he mantenido debates acerca de qué misterio "anda" mejor, si "su" Soberano o "El Caballo". Yo, desde la más absoluta de las ignorancias, mantengo que estando los dos al mismo nivel de "locura" al andar (en el sentido más cariñoso de la palabra "locura"), el misterio de las Tres Caídas lo hace más elegante y con más sentido. Será que he visto de lo que es capaz San Gonzalo, que desde hace algunos años ya a esta parte, pienso que cada vez va a peor. Quizá me he vuelto exigente. Es como si quisiera agradar a todos los que se desplazan a verlo, pero al hacerlo, en muchas ocasiones se excede, no conjuntándose con la banda en absoluto. No tiene sentido que cambie el paso de "costero a costero" por otro distinto si la marcha no lo pide. No tiene que demostrar nada, es un espectáculo de por sí el dorado de su canasto, por decir algo. La puesta en escena del "paso" es impresionante, fruto de la cantidad de hermanos que tiene la Hermandad y lo que arrastra en el Barrio León y Triana. En cualquier caso y dejando a un lado mi pena por la decadencia de su andar, ver al Soberano frente a Caifás siempre pone los vellos de punta. Lo intentamos en el Baratillo, pero al ver la cantidad de personas que habían pensado lo mismo que nosotros, nos decantamos por esperarlo un poco más adelante, al final de Arfe. Maravilla, como siempre. No así muchos nazarenos del cortejo, apoyándose en los coches, comiendo, bebiendo,... como siempre. Dada la lentitud del cortejo, decidimos buscar a Nuestra Señora de la Salud, con la que nos topamos en el Postigo. Casi que me gustó más que el Misterio, y eso que no soy de Palios. Nos cautivó al son de marchas clásicas como "Estrella Sublime" o "Campanilleros".
De ahí, al Salvador, para esperar a Nuestro Padre Jesús de las Penas y María Santísima de los Dolores. La Hermandad de San Vicente es otro ejemplo de saber estar en una Estación de Penitencia. Por supuesto, cuidamos el detalle de ponernos a la derecha del paso de Cristo, para no perdernos el rostro de la talla de Roldán. La cruz de carey y plata, que tanto nos recuerda a la de "mi" "Jorobaito de Triana", preciosa.
A esa hora, las doce y pico de la noche, sólo faltaba El Museo. En mi opinión, el Santísimo Cristo de la Expiración y el escorzo de su cuerpo en forma de "S" es de lo mejor de Sevilla. Por la estrecha calle de Hernando Colón disfrutamos de su sobrecogedora imagen. Tras de él, María Santísima de las Aguas, pletórica.
Y así transcurrió un nuevo Lunes Santo, tan diferente al de otros años para mí, acompañado y muy bien guiado por mi primo Jesús.
Gracias a tus relatos que por cierto, me gusta bastante como escribes, puedo llegar a imaginarme cada instante con cada cofradía, sus calles y olor a azahar..ya que sabes k no me puedo dar ese tute por desgracia.
ResponderEliminarUn besazo