jueves, 23 de diciembre de 2010

¿Felices Fiestas?

Un año más, y uno menos.

Como decimos a los vecinos de Chipiona, cuando nos vemos en verano después de todo un año.

Ahora, las Navidades. Cada vez conozco a más gente a la que no les gusta estas fechas. Y, lamentablemente, cada vez las entiendo más. Será fruto del pesimismo que reina en mí desde hace meses.

¿Qué se celebra? Personalmente, tengo poco que celebrar, y mucho que descansar. Si acaso, como creyente, el aniversario del nacimiento de Cristo, aunque eso poco consuela, la verdad.

Son días de hacer balance, y este 2010 no ha sido el mejor año de mi vida. El que mucha gente recordará como el año que ganamos el Mundial, yo lo recordaré como el que perdí parte de mi ser.

Sin embargo, entendería a quien me recriminase esta actitud derrotista. Porque quiero pensar que hay motivos para la Esperanza, ese nombre tan maravilloso, y más aquí, en Sevilla.

El primer motivo es tener la mejor familia que uno se pueda imaginar. Aunque sea en silencio, siempre le doy gracias a Dios por tener a mi lado a mis padres y a mis hermanos. No los merezco.

El segundo motivo son mis amigos. Siempre han estado ahí, sin condiciones, sin intereses. Aún en la distancia, preocupándose por mí. Y los más cercanos, ¿qué decir? Pues "gracias", una vez más.

Los demás son motivos secundarios, pero también aportan. Todo aporta.

Al 2011 le pido lo mismo que pido siempre que tengo un deseo, "ser feliz". Porque ser feliz lo engloba todo. Y volver a ser yo mismo, ese niño que soñaba con un amor real, de verdad. Que soñaba con compartir una vida con alguien, con la complicidad eterna, con proyectos en común.

Siempre he pensado que eso es lo que queda después de todo, cuando todo acabe, poder decir "yo he amado", pues considero que es lo mejor que nos puede pasar en esta vida. Sin malinterpretar mis palabras, porque yo también puedo decir "he amado", pero con ese matiz tan grande que da lo infinito, por un lado, y lo inacabado, por el otro.

Todo lo demás, es efímero. Divertido, sí, pero efímero al fin y al cabo.

Al año nuevo le pido dejar de sentir esta desconfianza que siento, no me reconozco. Desconfío de los demás, incluso de mí mismo. Perdí autoconfianza. Y la felicidad de los míos, por encima de todo, lo que más me importa.

Por lo demás, desearos a tod@s de corazón que seáis felices, que como he dicho antes, creo que es el fin último por el que estamos aquí. Es más, la felicidad no es el fin, sino el camino.

Y permitidme un consejo, aunque no sea persona de darlos. Que nadie os robe vuestros sueños, luchad por ellos, y mucho menos, que les sea fácil robarlos...

Un beso a tod@s.

1 comentario:

  1. Es lo que tienen los genios, que a veces, en determinadas etapas de su vida, sienten esa desconfianza.
    Pero es pasajera. Pasado el tiempo prudencial, resurgen con más fuerza si cabe.
    Estoy seguro de que todo será así y que con el tiempo, TODO volverá a ser como siempre.

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